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	<title>Católicos</title>
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	<description>Centro de noticias locales de Yucatán así como en el mundo</description>
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	<title>Católicos</title>
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		<title>VI domingo del Tiempo Ordinario: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[magaly]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Feb 2023 16:49:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estilo y Vida]]></category>
		<category><![CDATA[Arzobispo]]></category>
		<category><![CDATA[Católicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>HOMILÍA VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIOCiclo A Eclo 15, 16-21; 1 Cor 2, 6-10; Mt 5, 17-37. “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas” (Mt 5, 17). In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. Bejla’e’ ko’one’ex Payalchi tu yo’olaj u kaajil Turquía, éetláako’ob táan u mu’ukiajo’on,&#8230;</p>
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<p><strong>HOMILÍA VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO</strong><br><strong>Ciclo A</strong> Eclo 15, 16-21; 1 Cor 2, 6-10; Mt 5, 17-37.</p>



<p><strong>“No crean que he venido a abolir la ley o los profetas” (Mt 5, 17).</strong></p>



<p>In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. Bejla’e’ ko’one’ex Payalchi tu yo’olaj u kaajil Turquía, éetláako’ob táan u mu’ukiajo’on, yo’olaj xan ya’ab kiimeno’ob, le maxo’ob ma’ tu kashtalo’ob, tiola le terremoto máan ti’e lunes. Le máaxo’ob taak u túuxtik áantaje’ je’e u pajtal beeto’ob ti’ Caritas Mexicana. Le Ma’alob Péektsil bejla’e’, Jesús ku ya’alik to’on ka’a xi’iko’on náachil ti’ le dsi’ibolal mandamientos.</p>



<p>Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este sexto domingo del Tiempo Ordinario. Nuestra oración el día de hoy es por nuestros hermanos en Turquía que han sufrido un tremendo terremoto, en el cual han perecido miles personas, dejando además miles de heridos y desaparecidos. Nuestra ayuda a Turquía puede enviarse a través de la Cáritas Mexicana, cuyos datos aparecen al final de esta homilía.</p>



<p>La primera lectura de hoy tomada del libro del Sirácide (Eclesiástico), nos habla de la libertad que Dios le ha dado al hombre. Aunque no se emplea la palabra “libertad” en este texto, dice que: “Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya” (Eclo 15, 15-16). Dios nos dio sus mandamientos para que los cumplamos, y a quienes están lejos del cristianismo, del judaísmo o de toda religión, les ha dado igualmente capacidad de distinguir entre el bien y el mal, así como una conciencia para desarrollar esa capacidad.</p>



<p>En el ser humano se deben conjugar muy bien inteligencia, libertad y amor, para tomar la mejor decisión de hablar y actuar en cada momento. En el mundo encontramos gente que hasta parece cristiana, ya que su pensamiento y su modo de actuar es cercano al Evangelio. El ser humano se realiza y es feliz consigo mismo obrando conforme a su conciencia, y en nuestro caso, obedeciendo además los mandamientos de la ley de Dios.</p>



<p>Dice la primera lectura de hoy, que el Señor: “A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar” (Eclo 15, 20-21). No hay mayor irresponsabilidad que pretender justificar nuestra conducta diciendo frases como estas: “Es que Dios me hizo así”, “es que el diablo se me metió”, “es que así es mi carácter” o también “es que salí a mi papá”.</p>



<p>El salmo 118 que hoy proclamamos, nos invita no sólo a cumplir la voluntad de Dios, sino a descubrir el gozo que hay en su cumplimiento. El estribillo que recitamos dice: “Dichoso el que cumple la voluntad del Señor”. Hay mucha gente buena en el mundo, que es feliz por vivir honestamente y sin hacer daño a los demás. Los cristianos podemos además añadir a este gozo y satisfacción la esperanza de la recompensa eterna.</p>



<p>Hoy san Pablo nos dice en la segunda lectura que: “Lo que Dios ha preparado para los que lo aman, ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado” (1 Cor 2, 9). No se trata entonces de la sabiduría de este mundo, ni la de aquellos que lo dominan, sino de la sabiduría de los hijos de Dios. Abundemos en gozo cumpliendo la ley del Señor.</p>



<p>El pasaje del Libro del Sirácide nos prepara muy bien para escuchar la enseñanza de Jesús, el cual, en el evangelio de hoy, según san Mateo, declara que no vino a abolir la ley o los profetas, sino a darles plenitud. Jesús nos llama a ir más allá del quinto mandamiento que dice: “No matarás”; evitando el enojo, el insulto y el desprecio a los hermanos, advirtiéndonos que todo eso nos lleva al castigo de Dios. Además, Jesús nos hace ver la relación que hay entre el culto a Dios y el mal trato a los hermanos, pues nadie debe ir ante Dios con su ofrenda, mientras no se haya reconciliado con su hermano. Tengamos en cuenta que Jesús nos invita a considerar hermano a cualquier persona, pues todos somos hijos de Dios.</p>



<p>Igualmente, Jesús nos manda ir más allá del sexto mandamiento que ordena no cometer adulterio, ya que se puede adulterar en el corazón desde el momento que se mire con malos deseos a una mujer. Hoy tendríamos que decir que se adultera en el corazón viendo con malos deseos a una mujer o a un hombre, ya que de esta forma incluimos a la mujer. Por supuesto que la atracción por una persona no es mala en sí misma, sino que el pecado consiste en aceptar en el corazón un deseo desordenado. Visto desde otra perspectiva, esto significa que durante el día puedo agradar a Dios cien veces o más, si desde el silencio de mi corazón oriento mis deseos para que no se anide en mi espíritu un mal deseo. Una acción sexual desordenada comienza desde la mirada y el deseo aceptado.</p>



<p>Por eso Jesús nos dice que hay que poner un límite a nuestras miradas y a lo que tocamos. Nos puede parecer algo salvaje la propuesta de sacarnos un ojo, tanto como cortarnos la mano que nos esté llevando al pecado, pero esto es algo que no hemos de entender al pie de la letra, pues se trata de un estilo literario usado en la cultura judía de aquel tiempo. Lo que sí debe quedarnos claro es que ante las tentaciones de la carne hay que poner freno a tiempo: dejar de mirar de inmediato, así como alejarnos de la experiencia sensible, antes de que sea demasiado tarde.</p>



<p>Hoy en día, la cultura actual nos invita a experimentarlo todo con libertad, pero ¡cuánto daño nos puede ocasionar esto! La libertad nos sirve igualmente para detenernos a tiempo, pues al igual que los automóviles, tenemos la capacidad de frenar y no solamente de acelerar. Nadie es tan maduro como para ver pornografía sin verse afectado, sin afectar la relación con su pareja o con todos en general. La castidad es posible para todo el que se lo propone y más si pide la gracia de Dios, incluso si le ofrece a Él inmediatamente el rechazo de un pensamiento o mirada inconveniente.</p>



<p>Cuántos embarazos no deseados se podrían evitar si hiciéramos caso de las precauciones que nos manda tener Jesús. Tomando en cuenta el aumento de los embarazos de las adolescentes, en Brasil hay un nuevo programa que invita a los adolescentes a la abstinencia sexual, mientras que en nuestro País las relaciones entre adolescentes se han promovido directa o indirectamente, desde el momento en que, en algunos lugares, a los adolescentes se les distribuyen preservativos en las escuelas secundarias, y se les enseña que nadie, ni siquiera sus padres deben educarlos en sentido contrario.</p>



<p>Posteriormente, Jesús se refiere al divorcio como una forma de exponer a la mujer al adulterio. Desde luego hay que decir lo mismo del hombre, porque en la ley judía no existía la posibilidad de que la mujer tomara la iniciativa del divorcio. Ojalá que todos los jóvenes que se casan vayan al matrimonio con la intención sincera de que su unión sea para siempre, hasta que la muerte los separe. También que vayan de antemano confiados, no sólo en lo mucho que se quieren, sino sobre todo, en la gracia de Dios. La unión matrimonial se fortalece con la oración hecha en pareja, con la vida sacramental y con el apoyo de la Iglesia a través de sus grupos y movimiento dedicados al acompañamiento de los matrimonios, sin descuidar además el diálogo diario entre los esposos.</p>



<p>Finalmente, Jesús nos llama a no conformarnos con el hecho de no jurar en falso, sino que, aunque digamos la verdad, no juremos por nada ni por nadie, limitándonos a decir las cosas como son, “diciendo sí, cuando es sí”, y “no, cuando es no”.</p>



<p>Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!</p>



<p>La Cáritas Mexicana tiene ahora la misión de recibir y transferir los fondos en favor de nuestros hermanos en Turquía. Ponemos a su disposición los datos bancarios: Cáritas Mexicana IAP Banco: BBVA Cuenta: 0123456781 Clabe interbancaria: 012 180 00123456781 5</p>



<p>Para extenderles su recibo de deducibilidad infórmenos que su depósito es para apoyo a Turquía y Siria, anexen datos fiscales y envíen imagen de su ficha de depósito a los correos:<br>contabilidad@ceps.org.mx / donantes@caritasmexicana.org<br>Tel: 55 5563 6543 / 5563 1604</p>



<p><strong>+ Gustavo Rodríguez Vega</strong><br><strong>Arzobispo de Yucatán</strong></p>



<p><em><strong>Te recomendamos: <a href="https://lachispadeyucatan.com/este-es-el-cordero-de-dios-segundo-domingo-del-tiempo-ordinario/">“Este es el Cordero de Dios”: segundo domingo del Tiempo Ordinario</a></strong></em></p>
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		<title>Último domingo de Adviento: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[magaly]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Dec 2022 15:27:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estilo y Vida]]></category>
		<category><![CDATA[Católicos]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>HOMILÍA IV DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Is 7, 10-14; Rom 1, 1-7; Mt 1, 18-24. “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa” (Mt 1, 20). In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. Ti’ kanp’éel yéetel u ts’o’ok domingo ti’ Adviento le Ma’alob&#8230;</p>
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<h2 class="wp-block-heading" id="h-homilia-iv-domingo-de-adviento-ciclo-a-is-7-10-14-rom-1-1-7-mt-1-18-24">HOMILÍA IV DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo A Is 7, 10-14; Rom 1, 1-7; Mt 1, 18-24.</h2>



<h2 class="wp-block-heading">“José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa” (Mt 1, 20).</h2>



<p>In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. Ti’ kanp’éel yéetel u ts’o’ok domingo ti’ Adviento le Ma’alob Péektsilo’ Kiili’ich Mateo ku ya’alik to’on ba’ax tu beetal Kiili’ich José tu’ux úuchik u síijil Jesús. Leti’e juntúul máak “justo” je’e u páajtal u ya’alal “Santo”. Leti’e ma’ u p’aatubaj u bisaj ba’ax ku ya’alik u ley Israel, wa ma’ yeetel yaakuna’j. Juntúul máak nojoch u Oksa o’olal, tumen chéen tu yu’ubaj u T’aan Yuumtsile’ ichel u weenele’ u ti’al u Oksa o’olal. Letie’ Máak tu ts’áaj u k’aaba’ ti’ Chan Paal, yéetel u kaanáantik Jesús yéetel u maama. K’áatik ti’ Kiili’ich José ku u yáant’ láak’o’ob ti’ le Navidad.</p>



<p>Muy queridos hermanos, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor, en este cuarto y último domingo del santo tiempo del Adviento.</p>



<p>El santo evangelio de hoy, según san Mateo, nos presenta el momento crítico que vivió san José cuando se dio cuenta de que su esposa María, con la que todavía no vivía, se encontraba embarazada. Sabemos que la ley de Moisés mandaba apedrear hasta la muerte a las mujeres adúlteras y san José lo sabía muy bien. Esa ley de Moisés fue un instrumento para ayudar a los israelitas a cumplir la voluntad de Dios.</p>



<p>Dice el Evangelio que José era un hombre justo, sin embargo, no denunció a María para que fuera apedreada. Eso nos enseña que la justicia no es sinónimo de la ley, y que muchas leyes humanas pueden ser injustas y de hecho lo son. Pero José no violentó la ley; nunca pensó en hacerlo, sino que más bien quiso ir más allá de la ley mediante el criterio del amor. Las leyes humanas nos pueden ayudar a tomar una decisión sobre nuestro actuar, pero eso no nos quita la responsabilidad de ser críticos ante la ley, preguntándole a nuestra conciencia qué es lo que Dios espera de nosotros en cada momento.</p>



<p>Hay personas que se han negado a ir a la guerra porque su conciencia les dicta que no deben hacerlo. Hoy por hoy, muchos médicos presentan su objeción de conciencia cuando se les pide realizar un aborto o colaborar con la eutanasia. No son pocos los que a lo largo de la historia han enfrentado la cárcel y hasta la muerte por defender el dictado de su conciencia. Que las leyes humanas nos sirvan para obrar el bien, no para justificar lo que hacemos, pues finalmente Dios nos juzgará de acuerdo a los dictados de nuestra conciencia y de nuestro esfuerzo por formarla bien.</p>



<p>En el caso de san José, veamos que su actitud revelaba su justicia, es decir, su santidad; y que esa actitud lo disponía a aceptar y creer en el anuncio del ángel, aunque haya sido dentro de un sueño. Poniendo todo en la balanza, pudo reconocer su vocación y misión en aquellas palabras que oyó en sus sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 20).</p>



<p>Así son las cosas de la fe, no se imponen como una verdad absoluta sobre nuestra inteligencia, sino que son algo que nos pide humildad para poder aceptar e ir más allá de nuestra capacidad de entendimiento. Muchas veces Dios no contradice nuestro entendimiento, pero su Verdad está más allá de nuestro alcance, y sólo con su gracia la podemos alcanzar.</p>



<p>Las palabras del sueño de José continúan revelándole quién será ese niño que María espera: “Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque el salvará al pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21). Fijémonos que José es quien tiene el derecho y el deber de darle nombre a su hijo, haciéndolo descendiente de David. Esa era la costumbre en Israel, la cual hoy podemos cuestionar por el tema de la igualdad entre el hombre y la mujer, pero el caso es que Jesús y María se sometieron a las costumbres de su cultura. No podemos juzgar el pasado con los criterios del siglo XXI.</p>



<p>José aún en medio de aquella cultura es un esposo ejemplar, protector de su esposa, por quien hubiera renunciado a su pueblo y a todo cuanto tenía con tal de salvarla. La violencia contra la mujer hoy en día es muy lamentable, pero mucho más lamentable es que sea el esposo el agresor de su propia mujer. Que nadie en Yucatán ni en el mundo se sienta con derecho de atentar contra las personas que más deberían ser protegidas: las mujeres y los niños.</p>



<p>Luego comenta san Mateo que en María se está cumpliendo la profecía de Isaías 7, 14 que dice: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz a un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”. No es que haya una contradicción entre el nombre de Jesús y el de Emmanuel, porque el nombre de Jesús significa ‘Yahvéh salva’, y esto revela que viene a salvarnos; mientras que ‘Emmanuel’ revela el misterio de la encarnación, ya que el hijo de María será verdaderamente Dios con nosotros de manera encarnada, igual en todo a nosotros menos en el pecado (cfr. Heb 2, 17; 4, 15). Entre ambos nombres existe un verdadero complemento, porque expresan la realidad del Hijo de Dios que se encarnó para salvarnos.</p>



<p>Originalmente el texto de Isaías en hebreo usa una palabra que significa “joven”, pero siglos después, y todavía mucho antes de la venida de Cristo, el texto hebreo se tradujo al griego, con la palabra que significa “virgen”, siendo esa la esperanza que conservó el pueblo de una virgen que concebirá y dará a luz. Si no fuera así, no tendría sentido usar la palabra virgen; pero lo tiene precisamente porque Dios quiso manifestar el origen divino de su Hijo encarnado por obra del Espíritu Santo.</p>



<p>No cabe duda de que san José es un personaje clave en la vida de Jesús. Es un gran maestro que enseñó al niño Jesús todo lo que, como niño judío, debía aprender, y a nosotros también nos sigue enseñando sin que conozcamos ni una sola palabra suya, pues es muy claro que el hombre no vale por lo que dice sino por lo que hace. De él podemos decir que fue un hombre justo, hombre de fe siempre obediente a la voluntad del Señor, hombre casto que custodió a la Virgen Santa y al Hijo de Dios. La grandeza y trascendencia de sus méritos están en la mente y el corazón de Dios. Lamentablemente, es mucho lo que nosotros nos afanamos por estar en la mente y el corazón de los hombres, pero poco en el corazón de Dios.</p>



<p>El pasaje de la profecía de Isaías, lo escuchamos en la primera lectura de hoy, como una señal que el profeta le da al rey Ajaz, quien no quiere tomar en cuenta la palabra de Dios. Aunque no seamos ni debamos ser una nación confesional, y aunque el estado deba ser laico, si quienes nos gobiernan hicieran un esfuerzo por consultar en su conciencia la voz de Dios en sus decisiones, los pueblos serían gobernados de una manera justa e irreprochable en todo México. No necesitamos un gobierno confesional, pero tampoco uno que quiera acabar con nuestra cultura religiosa, con todos sus signos, que manifiestan la libertad de expresar nuestra fe en lo privado y en lo público. Necesitamos hombres y mujeres de Dios en cada cargo de gobierno, respetando las distintas religiones y creencias del pueblo.</p>



<p>San Pablo en la segunda lectura de hoy, tomada de la Carta a los Romanos, habla de que el Evangelio fue anunciado de antemano por los profetas en las Sagradas Escrituras, refiriendo a la doble condición de Jesucristo: como hombre, pues desciende del linaje de David; y como espíritu santificador el cual se mostró con todo su poder de Hijo de Dios, a partir de su resurrección. Es decir que, fue hasta luego de su resurrección, cuando sus discípulos pudieron caer en la cuenta de la total divinidad de Jesús. Él es Dios por naturaleza, que se hizo hombre mediante su encarnación. Nosotros somos seres humanos, como hijos de nuestros padres, pero también somos hijos de Dios por el Bautismo.</p>



<p>Dispongámonos a celebrar dignamente esta gran fiesta de Navidad, buscando hacer felices a cuantos podamos, dentro y fuera de nuestro hogar, en los belenes de nuestro mundo actual.</p>



<p>Que tengan todos una muy feliz Navidad. ¡Sea alabado Jesucristo!</p>



<p><strong>Gustavo Rodríguez Vega</strong><br><strong>Arzobispo de Yucatán</strong></p>



<p><strong><em>Te puede interesar: <a href="https://lachispadeyucatan.com/tercer-domingo-de-adviento-dichoso-el-que-no-se-sienta-defraudado-por-mi/">Tercer domingo de adviento: “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”</a></em></strong></p>
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		<title>Mensaje dominical hoy 9 de octubre por el Arzobispo de Yucatán  </title>
		<link>https://lachispadeyucatan.com/yucatan/mensaje-dominical-hoy-9-de-octubre-por-el-arzobispo-de-yucatan/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[magaly]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Oct 2022 23:37:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yucatán]]></category>
		<category><![CDATA[Católicos]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>HOMILÍA XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo C 2 Re 5, 14-17; 2 Tim 2, 8-13; Lc 17, 11-19. “¿Dónde están los otros nueve?” (Lc 17, 17). In láak&#8217;e&#8217;ex ka t&#8217;aane&#8217;ex ich maya kin tsikike&#8217;ex yéetel ki&#8217;imak óolal. Le chich óolal jach tu jaajil óol, junp&#8217;éel chich óolal cristiana. Ti&#8217; Yuumtsile&#8217; utstut&#8217;aan ts&#8217;aik níib óolal&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading" id="h-homilia-xxviii-domingo-del-tiempo-ordinario-ciclo-c-2-re-5-14-17-2-tim-2-8-13-lc-17-11-19"><strong>HOMILÍA XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo C 2 Re 5, 14-17; 2 Tim 2, 8-13; Lc 17, 11-19.</strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>“¿Dónde están los otros nueve?” (Lc 17, 17).</strong></h2>



<p>In láak&#8217;e&#8217;ex ka t&#8217;aane&#8217;ex ich maya kin tsikike&#8217;ex yéetel ki&#8217;imak óolal. Le chich óolal jach tu jaajil óol, junp&#8217;éel chich óolal cristiana. Ti&#8217; Yuumtsile&#8217; utstut&#8217;aan ts&#8217;aik níib óolal ma&#8217; chen yéetel áantali&#8217;i bey xan yéetel ba&#8217;ax ka k&#8217;amik sáansamal ta kuxtal. U T&#8217;aanil Yuumtsile&#8217; ku ya&#8217;alik to&#8217;on bejla&#8217;e&#8217; le chich óolalo&#8217; yo&#8217;olaj Yuumtsil. Ko&#8217;one&#8217;ex beetik láayli&#8217;e u winal octubre ko&#8217;ox beetik kiili&#8217;ich Rosario yéetel k tuukule&#8217; yo&#8217;olaj bix beetik to&#8217;on le misioneros.</p>



<p>Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor, en este domingo vigésimo octavo del Tiempo Ordinario.</p>



<p>La gratitud como virtud humana sólo es virtud cuando se hace con sinceridad, puesto que hay formas de agradecer que se hacen por conveniencia, con falsedad o hasta para lograr nuevos favores de quien ya nos ha beneficiado. Una persona que es educada, si agradece por cumplir, puede ser que no lo haga con total sinceridad; por tanto, sólo cuando se va más allá del cumplimiento, cuando hay convicción de que hemos recibido un favor, entonces podemos decir que alcanzamos el grado de virtud humana.</p>



<p>Esta virtud humana pasa a ser virtud cristiana cuando valoramos en verdad a la persona o institución de la que nos viene el favor, reconociendo a la o las personas que nos favorecieron en su dignidad humana, en su condición de hijos de Dios, entonces la fe nos conduce hasta Dios, dador de todo bien. Para los hombres y mujeres de fe, a quien nos hace un favor lo consideramos como el vaso en el que el Señor nos sirve su bendición para que la bebamos.</p>



<p> A diario hay numerosos motivos para agradecerle al Señor que, aún sin intermediarios, nos bendice directamente de muchas maneras. Por otro lado, no hay que menospreciar a los intermediarios, que puede ser cualquier persona, los ángeles o los santos del cielo. Los miembros de la Iglesia somos comunidad aquí en la tierra y los somos con nuestros hermanos del cielo, por lo que decimos en el Credo: “Creo en la comunión de los santos”. También nos hemos de reconocer ciudadanos y miembros de una sociedad que es plural en su fe y en su forma de pensar.</p>



<p>Es triste que esa virtud humana o cristiana de la gratitud se ejercite fuera de casa, pero dentro de ella seamos mal agradecidos entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. La gratitud fortalece la vida matrimonial y la vida familiar. No nos cansemos de decir “gracias” en el seno de nuestro hogar.</p>



<p>El culmen de la vida cristiana sucede en la liturgia de la Eucaristía, que es la celebración de la “Acción de Gracias”, pues eso significa la palabra Eucaristía. Es un “gracias” que dirigimos al Padre, en el Espíritu, por Cristo, con él y en él, es decir, por su Pascua sacramental, su muerte y resurrección continuada en el Sacramento.</p>



<p>En el santo evangelio de hoy, según san Lucas, diez leprosos le piden a Jesús, gritándole desde lejos, que los cure de su enfermedad. Los leprosos no podían entrar en las ciudades, lo tenían prohibido por el peligro de contagio, por eso ni siquiera se acercan a Jesús. Entonces le gritaron diciéndole: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros” (Lc 17, 13). El Señor los mandó a que fueran a presentarse a los sacerdotes. Se supone que los que se curaban de su lepra iban a presentarse a los sacerdotes para que corroboraran la curación, pero estos diez hombres se pusieron de inmediato en camino, lo cual supone que le creyeron a Jesús, esperando irse curando mientras caminaban.</p>



<p>En este sentido, los diez leprosos son de admirar e imitar, porque cuando pedimos algo al Señor no debemos sentarnos a esperar que el milagro suceda, sino dar pruebas de que realmente le creemos, aunque éste no suceda instantáneamente. Ellos avanzaron con fe y esperanza en el Señor.</p>



<p>El milagro sucedió mientras iban de camino y uno de ellos se regresó alabando a Dios en voz alta, y al llegar ante Jesús se postró a sus pies para darle gracias. El que regresó era un samaritano, es decir, un forastero perteneciente a un pueblo contra el que los judíos estaban de pleito. Jesús preguntó por los otros nueve que no regresaron para agradecer. Al final le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado” (Lc 17, 19). Por más fe que manifestaron los otros nueve, al quedar curados se olvidaron de agradecer a Dios, y su fe no les alcanzó para salvarse, pues su alma siguió llena de la lepra espiritual.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="720" height="502" src="https://editor.lachispadeyucatan.com/wp-content/uploads/2022/10/evangencio-de-hoy.jpg" alt="Mensaje dominical hoy 9 de octubre por el Arzobispo de Yucatán   " class="wp-image-26950" srcset="https://lachispadeyucatan.com/wp-content/uploads/2022/10/evangencio-de-hoy.jpg 720w, https://lachispadeyucatan.com/wp-content/uploads/2022/10/evangencio-de-hoy-300x209.jpg 300w, https://lachispadeyucatan.com/wp-content/uploads/2022/10/evangencio-de-hoy-150x105.jpg 150w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p>En la primera lectura, tomada del Segundo Libro de los Reyes, se nos presenta el caso de Naamán, el general del ejército de Siria, quien sin ser miembro del pueblo israelita, vino a ver al profeta Eliseo con la esperanza de quedar sano con su intercesión ante el Dios de Israel. Démonos cuenta de que Eliseo lo manda a bañarse en el río Jordán, puesto que la lepra era signo de un castigo especial de Dios a causa de pecados graves; entonces, si la salud la recupera en las aguas del Jordán, este episodio es un anuncio profético de nuestro Bautismo, sacramento en cual se nos limpia del pecado original, y nos hace aptos para borrar cualquier pecado del que nos arrepintamos con sinceridad.</p>



<p>Luego de su curación, Naamán se muestra agradecido con Eliseo por salvarlo de su lepra, y quiere darle algunos regalos, pero el profeta se niega a recibirlos, pues quiere que le quede bien claro que la curación le vino de Dios. Naamán le pide entonces llevarse unos sacos de tierra de aquel lugar para construir con ella un altar en su patria para el Dios de Israel, pues en adelante sólo a Él ofrecerá sus sacrificios.</p>



<p>La actitud de Eliseo me recordó a un santo hermano marista, que fue mi director en la primaria, que siempre que le dábamos gracias, él contestaba: “A Dios sean dadas”. Esta humildad, fruto de la fe, contrasta con la soberbia de aquellos que les gusta que la gente les deba para hacerlos sentirse inferiores, y hasta gozan exigiendo el pago de un favor realizado. Si creemos que merecemos la gratitud de los demás nos vamos a volver déspotas en nuestro trato o amargados por no recibir la recompensa de la gratitud. El hombre y la mujer de fe, cuando alguien les agradezca, dirán o pensarán: “A Dios sean dadas”, y sólo esperarán la recompensa del Señor a su debido tiempo.</p>



<p>En la segunda lectura, tomada de la Segunda Carta de san Pablo al joven obispo Timoteo, el Apóstol sigue dándole excelentes consejos a su discípulo; siendo el primero y más importante de éstos, para Timoteo y para cada uno de nosotros, es acordarnos siempre de Jesucristo resucitado de entre los muertos. Esta memoria le da sentido a cuanto hagamos y a cuanto nos suceda.</p>



<p>Le dice San Pablo: “Si morimos con Él, viviremos con Él”; y también nosotros, aunque no muramos por el martirio, podemos morir cada día por los pequeños o grandes sacrificios que realicemos por amor a Dios, así viviremos eternamente con Jesús. También le dice: “Si lo negamos, él también nos negará”; esto es en el juicio ante el Padre. Entonces le dice finalmente: “Si le somos infieles, él permanece fiel” (2 Tim 2, 11-13); así es que, si hemos sido infieles a Jesús, podemos regresar a la fidelidad, y encontraremos al amigo fiel que nos espera.</p>



<p>Continuemos este mes de octubre fortaleciendo nuestra devoción al Santo Rosario, así como nuestra conciencia de ser misioneros en el mundo por ser bautizados.</p>



<p>Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!</p>



<p><em>Gustavo Rodríguez Vega / Arzobispo de Yucatán</em></p>



<p><em><strong>También Lee: <a href="https://lachispadeyucatan.com/mensaje-dominical-del-arzobispo-de-yucatan/">“No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”</a></strong></em></p>
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