Triste Adiós: La perrita Peregrina, alma fiel del Santuario de Tetiz

Por La Chispa compartimos la tristeza que embarga a la comunidad de Tetiz tras el fallecimiento de “Peregrina”, la perrita que durante años se convirtió en presencia constante en celebraciones religiosas. Su muerte ha dejado un vacío profundo entre fieles y vecinos que la veían como parte viva del entorno espiritual.
Su figura era habitual en la Iglesia de San Bernardino de Siena, donde acompañaba misas, procesiones y diversas actividades religiosas con una serenidad que conquistó a todos.


Una presencia inseparable en cada celebración religiosa
Siempre detrás de las imágenes y al lado de los fieles
Durante años, entre el sonido de las campanas y las oraciones de los creyentes, Peregrina se volvió parte esencial del Santuario. No requería llamado alguno; simplemente estaba ahí. Caminaba con calma detrás de las imágenes religiosas, se recostaba discretamente durante la misa y seguía cada procesión con admirable tranquilidad.

En especial, era habitual verla en las peregrinaciones dedicadas a Nuestra Señora de Tetiz, donde avanzaba en silencio como una fiel acompañante más.
Indignación ante las circunstancias de su muerte
Presunto envenenamiento genera reclamos en la comunidad
Según información difundida por la propia iglesia en sus redes sociales, se presume que Peregrina habría sido víctima de envenenamiento. Esta versión ha provocado molestia e indignación entre habitantes de Tetiz, quienes solicitan que los hechos sean aclarados.
La noticia no solo causó dolor, sino también un llamado colectivo para que se esclarezca lo sucedido y se haga justicia ante la posible causa de su fallecimiento.
Un símbolo de compañía y devoción sencilla
Peregrina deja una marca imborrable en quienes la vieron caminar al frente o al costado de cada celebración. Siempre leal, siempre presente, logró ganarse el cariño de toda la comunidad.
Su figura, avanzando entre velas y rezos, arrancaba sonrisas sinceras. Niños y adultos la esperaban; muchos la buscaban con la mirada al iniciar las celebraciones. No necesitaba palabras para transmitir su espíritu noble: bastaba su andar sereno para recordar que la fe también se expresa en gestos sencillos y compañía fiel.
Para muchos, dejó de ser solo una perrita; se transformó en un símbolo de compañía discreta y devoción humilde. Hoy, Tetiz la despide con gratitud y tristeza, recordando cada paso que dio junto a sus fieles. Fotos y texto: EN REDES