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El reparto del dinero, clave para el poder

El reparto del dinero, clave para el poder

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El reparto del dinero, clave para el poder
OTRO ENFOQUE POLÍTICO / Por Gínder Peraza Kumán

El poder o el dinero, o las dos cosas al mismo tiempo, es lo que buscan muchos hombres y mujeres que incursionan en la política para tocar la puerta de la diosa Fortuna, a ver si, con un poco de suerte, resuelven su vida de una vez.

Cuando el periodista Carlos Loret de Mola le preguntó a Carlos Manuel Urzúa Macías –Licenciado en Matemáticas por el Tecnológico de Monterrey, maestro de Matemáticas por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav, del Instituto Politécnico Nacional, y maestro y doctor en Economía por la Universidad de Wisconsin– qué le gustaba más al actual presidente, Andrés López, si el poder o el dinero, este experto asesor que ocupó el cargo de secretario de Finanzas durante el tiempo que AMLO gobernó la Ciudad de México expresó con serenidad que muchos se habían dado cuenta de que, efectivamente, al político tabasqueño le importaban muy poco los billetes. Ah, pero su gusto por el poder ése sí era muy grande.

Cabe citar en este momento ese detalle de la personalidad del presidente porque en estos días es cuando se está dirimiendo, tanto en el espacio del Poder Ejecutivo como en los foros del Poder Legislativo (en algunas cosillas tiene que ver el Poder Judicial), el monto del presupuesto que el gobierno de México (en sus tres niveles) ejercerá el año próximo.

La definición del presupuesto, de cuánto será y quiénes lo repartirán y lo ejercerán, debería importarles a todos los mexicanos, pero la gran mayoría son completamente ajenos a la forma en que se calcula y se reparte ese dinero que proviene de los bolsillos de cada uno de ellos.

A los que nos importa ese proceso nos preocupa que, desde principios de año, cuando se intensificó el programa de pensión para adultos mayores, las intenciones, proyectos y programas del presidente López parecían dirigirse a una colisión contra la necesidad de programar el financiamiento de otras responsabilidades del Ejecutivo, como construir la infraestructura que requieren los inversionistas que abren nuevos negocios, fábricas, agencias de servicios y todo tipo de empresas.

Empleo, salud pública y educación son otros rubros que siempre van a requerir de importantes montos de recursos. Y a todo lo dicho hay que agregar la ingente suma de dinero que requerirán las grandes obras (algunos las llaman faraónicas, o las consideran insignias de la llamada 4T) del amlismo, como son el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la refinería de Dos Bocas y el tren maya, del que aún no sabemos de dónde vendrá la demanda para su uso, tanto en lo que respecta a pasajeros, como en lo que toca a la carga.

En estos momentos prácticamente todos los analistas del país, incluyendo los expertos en economía, tienen la mira puesta en los funcionarios y legisladores que trabajan a todo vapor para repartir un dinero que, por cierto, el gobierno aún no tiene en la bolsa. Aunque el SAT ya afila sus garras y dientes: nadie se evadirá.

Muchos creyeron, ilusos o incautos, que en su cuarto año de gestión López Obrador moderaría sus presiones contra el bolsillo de sus gobernados, pero todos han sido desengañados.

Un presupuesto que es demasiado optimista

El diario capitalino El Financiero, que se ha convertido en uno de los más severos pero justos críticos de la ruta que lleva la 4T, indicó en la presentación de sus editoriales del reciente miércoles 14, que AMLO suavizaría su política fiscal para salir bien librado del último tramo de su administración, asumiendo un discurso si no agradable, sí al menos no tan desagradable frente a los sufridos contribuyentes. Cuán lejos quedaron esas esperanzas.

En su columna de ayer, Coordenadas, Enrique Quintana vuelve a la carga contra el presupuesto en preparación, y señala que en vez de moderar los gastos y ajustar los ingresos, López Obrador prefiere elevar los gastos aunque los ingresos sean insuficientes. “Cualquiera que tenga un poco de práctica con los datos económicos puede comprobar que este paquete presupuestal es un engaño”, afirma el irreductible periodista, y enseguida aprieta más el cerco: “López Obrador lo único que entiende es el poder, y no quiere perderlo. Si para mantenerlo es necesario hundir la economía, incluyendo el patrimonio de usted, no dudará en hacerlo”.

Quintana opina que el paquete presupuestario que la Secretaría de Hacienda publicó el reciente jueves 8 de este mes “es bastante optimista”, lo que suele ser natural, a fin de propiciar actitudes positivas de los ciudadanos contribuyentes.

El análisis de Quintana es algo intenso, pero no podemos dejar este asunto sin referirle a usted lo que expone en los primeros dos párrafos, que contienen cruciales cifras:

1. La estimación puntual del crecimiento de la economía que considera el Presupuesto es de 3 por ciento para 2023 y establece que al cierre de este 2022 será de 2.4%. En la más reciente encuesta de expectativas publicada por Citibanamex, el estimado de crecimiento para este año es de 1.9% y el de 2023 de 1.4%. Si consideramos el acumulado de los dos años, observamos que la SHCP asume un crecimiento de 5.5% para el período 2022-2023, mientras que el consenso señala un crecimiento de 3.3%. Hay una notoria diferencia.

2. El estimado de inflación para 2023 es de 3.2%, suponiendo que este año termine en 7.7%. Nuevamente hay contraste con el consenso, que supone un 8.2% para este año y 4.5% para el próximo. La inflación prevista por el gobierno es de 11.1% para los dos años, mientras que los analistas calculan que alcance un 13%.

De los avances o retrocesos económicos que se registren en el inminente 2023 dependerá quién ocupará la Silla del Águila en 2024.

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