¡Increíble! Régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio tras terremoto devastador


Por La Chispa
Después de un terremoto de magnitud 7.7 que devastó el país y dejó más de 2,000 muertos, el régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio en un acto completamente inexplicable.
A pesar de la tragedia que afecta al pueblo birmano, la junta militar no ha detenido sus operaciones bélicas.
La ONU ha calificado estos ataques como “totalmente indignantes e inaceptables”, y el relator especial Tom Andrews ha instado a la comunidad internacional a presionar para que se detengan estas acciones, especialmente durante los esfuerzos de rescate tras el sismo.
Continúan los ataques aéreos a pesar de la tragedia
El régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio sin mostrar signos de detener su ofensiva, incluso después del devastador terremoto que arrasó la región de Sagaing, uno de los epicentros del desastre.
Menos de tres horas después del sismo, se llevó a cabo un ataque aéreo en Naungcho, en el norte de Shan, dejando siete muertos.
Además, las fuerzas militares han ejecutado ataques terrestres en áreas afectadas por el terremoto, como la región de Sagaing, y han bombardeado lugares cercanos a la frontera tailandesa, según informes de los rebeldes.
La situación es aún más alarmante debido a que los trabajadores de rescate enfrentan una grave falta de recursos.
Los grupos de resistencia prodemocracia también han denunciado bombardeos aéreos en las zonas cercanas al epicentro del terremoto, en el noroeste de Sagaing.

Desafíos para los rescatistas y los afectados
A medida que los esfuerzos de rescate se intensifican, los rebeldes que luchan contra el régimen militar también se enfrentan a dificultades debido a los constantes bombardeos aéreos.
Un portavoz de la Fuerza de Defensa Popular de Chaung U, uno de los grupos insurgentes, afirmó que las fuerzas militares continúan con el uso de fuego de mortero en la zona, mientras se registran al menos cinco convoyes militares en la región.
Mientras tanto, el Gobierno de Unidad Nacional (NUG), que representa a la administración civil derrocada, ha hecho un llamado a pausar sus operaciones militares ofensivas en las áreas afectadas por el terremoto, a excepción de las defensivas.
El caos y la falta de recursos en las zonas afectadas agravan aún más la situación humanitaria, mientras el régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio y no permite que la ayuda llegue a quienes más la necesitan.
Myanmar en medio de una guerra civil y un desastre natural
Este terremoto llega en un contexto de guerra civil que ha devastado al país desde el golpe militar de 2021.
Desde entonces, el régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio en un intento por sofocar la resistencia armada que ha tomado el control de gran parte del territorio, especialmente en Sagaing, donde los grupos rebeldes y las fuerzas prodemocracia han ganado terreno.
La junta militar, que ha sufrido derrotas significativas, continúa recurriendo a ataques aéreos indiscriminados en un intento desesperado por mantener el control.
La situación es crítica, ya que más de 42% del territorio de Myanmar está bajo el control de grupos de resistencia, mientras que la junta controla menos de una cuarta parte del país.
La superioridad aérea del ejército ha sido clave en su capacidad para llevar a cabo estos ataques, sin que los rebeldes tengan forma de contrarrestarlos.
Estos ataques aéreos incluyen bombardeos indiscriminados que han destruido hospitales, escuelas y monasterios, provocando numerosas víctimas civiles, incluidas mujeres y niños.
La respuesta internacional ante el régimen militar de Myanmar
El régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio con el respaldo de armas y entrenamiento militar de países como Rusia y China.
A pesar de las condenas internacionales y los llamados de la ONU a imponer un embargo de armas, estos países continúan apoyando a la junta militar con aviones de ataque y equipos militares, lo que agrava la situación.
Las críticas de la comunidad internacional, como las expresadas por la activista de derechos humanos Julie Khine, quien reside en el Reino Unido, han señalado la contradicción de estos países al enviar ayuda humanitaria a Myanmar, mientras siguen suministrando armamento letal a las fuerzas militares.
El impacto humanitario de la respuesta del régimen militar
El ejército de Myanmar ha sido señalado por la ONU de cometer crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos durante su ofensiva contra su propio pueblo.
A pesar de las críticas internacionales y las llamadas a cesar las operaciones militares, el régimen sigue impidiendo que la ayuda humanitaria llegue a las áreas más necesitadas.
Tom Andrews, relator especial de la ONU, destacó que la junta utiliza la ayuda como un arma, enviándola solo a las zonas bajo su control y bloqueando el paso de camiones hacia las áreas controladas por los grupos rebeldes.
Este patrón de bloqueos de ayuda es una táctica recurrente en el manejo de desastres naturales por parte del régimen, lo que ha puesto en grave peligro a miles de personas atrapadas bajo los escombros, especialmente en áreas como Mandalay, donde los cadáveres comienzan a apestar por el calor extremo.
La devastación del terremoto y la respuesta militar
El terremoto de magnitud 7.7 que azotó Myanmar también dejó una estela de destrucción en países vecinos, como India y China, pero el impacto fue devastador en la región de Sagaing, el epicentro del sismo.
A pesar de los esfuerzos internacionales para enviar ayuda, el régimen militar de Myanmar ataca su propio territorio y bloquea los esfuerzos de rescate, empeorando la situación para miles de afectados.
Con temperaturas superiores a los 40°C en las áreas afectadas, los sobrevivientes luchan por encontrar refugio y comida, mientras la comunidad internacional sigue observando en un estado de impotencia. Fuente: BBC