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ORACIÓN ¡Confía en el Señor!

ORACIÓN ¡Confía en el Señor!

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ORACIÓN ¡Confía en el Señor!

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

¡Confía en el Señor! En esta cada vez más fría madrugada, Te ofrecemos un saludo muy cordial y muy cálido, Padre Celestial.

Nuestro diario amanecer se torna cambiante debido a las circunstancias, al momento que nos toca vivir, a las noticias nada agradables de nuestros prójimos, a los reveses y a los tropiezos que sufrimos, etc., etc.

Todo esto se debe a que NO PODEMOS DEJAR DE SER SOLIDARIOS con nuestros prójimos, con nuestros hermanos y amigos, porque vamos en el mismo barco a la eternidad y la voz maravillosa y autorizada del Espíritu Santo nos ordena:

“¡Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran!” (Romanos 12:15). Padre Santísimo: ¿Quién puede sonreír ante el sufrimiento de un amigo, de un hermano o ante las lágrimas de una madre que ve a su hijo postrado, enfermo y con dolores que lo hacen retorcerse?

ORACIÓN ¡Confía en el Señor!

¿Quién puede festejar cuando un amigo entrañable está sufriendo hasta lo indecible, solo, abandonado y despreciado por los que con él compartían y disfrutaban esos momentos de gloria del ayer? Ante un hermano o un amigo que lo ha perdido todo,

¡sería un pecado imperdonable el cerrar nuestras entrañas y no salir a brindarle todo nuestro apoyo! En los pocos años que nos ha tocado vivir, hemos compartido de la abundancia, de la alegría,

de la bondad y de la generosidad de muchos que ayer tuvieron y hoy, están postrados, sin aliento, sin fuerzas de nada, abandonados, olvidados y hasta terriblemente criticados. Muchos de nosotros los cristianos, al vivir superficialmente nuestra “VANA RELIGIOSIDAD”,

¡no somos capaces de ser sensibles, caritativos, solidarios y condescendientes con nuestros hermanos que a Ti claman, Padre Santísimo! Se nos olvida que, ante la dureza de las pruebas,

NO TODOS TENEMOS LA FE, NI LA PACIENCIA, ¡NI LA FORTALEZA DE JOB!

Conocemos el Evangelio, las Sagradas Escrituras, recitamos los salmos y cantamos alabanzas,pero nuestra vil religiosidad NO NOS PERMITE VER EN EL PRÓJIMO, EN EL HERMANO Y EN EL AMIGO CAÍDO EN DESGRACIA, ¡LA IMAGEN DE CRISTO TU AMADO HIJO!

Padre Santísimo: es justo ese momento en que Tú nos revelas, nos muestras EL ROSTRO DE TU HIJO AMADO Y ABANDONADO A SU SUERTE, porque hemos cerrado nuestros ojos para no ver a quién debiéramos ver, amar, consolar, atender y apoyar sin escatimar nada.

Cuando nosotros estuvimos caídos, sumidos en la tristeza, en la impotencia, en el dolor y clamando a Ti, ¡jamás nos abandonaste a nuestra suerte! ¡Nos enviaste consuelo, ayuda y compañía hasta vernos nuevamente de pie y listos para emprender el vuelo de las águilas!

El Espíritu Santo nos hace portadores de este poderosísimo mensaje dirigido a nuestros hermanos que sufren, que lloran, que anhelan que al menos alguien les vuelva su rostro y su sonrisa, fijando en ellos su mirada compasiva y generosa.

Quieren que de esos labios brote el mensaje alentador que les tienda la mano y que los ayude a levantarse.

Este es el mensaje divino y poderoso que los conmoverá y moverá infundiéndoles energía, vigor y potencia: “¡Confía en el Señor! ¡levanta el ánimo! ¡Espera en el Señor!”  (Salmo 27: 14)

Nos retiramos de Tu presencia altamente reconfortados y nos vamos a ver y a levantar a esos hermanos que esperan ver en nosotros a ese “Divino Samaritano,” que no solo los levanta,

sino que los lleva en su propio auto al hospital, paga la cuenta, ordena al médico cuide diligentemente de él hasta que se recupere y, si algo más se le debe, el Buen Samaritano le pagará cuando se le dé de alta.

Padre Santísimo: ¡Danos un cañonazo de gracia para ser esos samaritanos de hoy que vayan decididos a levantar los ánimos, para aliviar a tantos deprimidos y a tantos caídos en desgracia, en Nombre de Tu Amado Hijo y para gloria Tuya!  ¡Bendito seas, Padre Santísimo! Amén. P. Cosme Andrade Sánchez+


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