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ORACIÓN:“¡ABANDONEMOS LA ESTERILIDAD CRISTIANA!”

ORACIÓN:“¡ABANDONEMOS LA ESTERILIDAD CRISTIANA!”

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ORACIÓN:“¡ABANDONEMOS LA ESTERILIDAD CRISTIANA!”

¡Con cuántos ejemplos carentes de toda lógica nos ilustras sobre el poder de la fe, sobre el poder del Espíritu y sobre Tu poder omnipotente, que hace de todos nuestros imposibles una tremenda e increíble posibilidad! Mientras no desates, oh, Padre Santísimo el poder del Espíritu Santo, nuestra familia cristiana estará maniatada, silenciosa, quieta, inactiva, improductiva, inoperante, estéril, impotente y nada grata a Tu presencia divina. Tú enviaste al prometido por Tu Hijo Amado para que NOS CONMOVIERA Y MOVIERA para llevar ese sello del espíritu bien grabado en nuestro espíritu. El día de Pentecostés, salió de su escondite la pequeña Iglesia pequeña de Tu Amado Hijo, pero para ser fermento en todo el mundo y hacer que, el poder del Espíritu Santo con toda Su potencia de viento huracanado fermentara a toda la humanidad.

Padre Santísimo: Tu Iglesia, cuya cabeza es Cristo, Tu Hijo Amado, es obra del Espíritu Santo y nace con gran poder, no débil, no inoperante, no inactiva, no infructuosa y no anquilosada. Tu Iglesia nace en corazones humanos, pero si se duerme en sus laureles, si se da unas merecidas vacaciones, si se cree fortalecida por el número de sus hijos, si hace del Reino de Dios un reino terrenal, peca por limitar Tu poder divino y por contrariar Tu divina voluntad de hacer de ella UN REINO DE GENTE MARAVILLOSA, AMOROSA, TRABAJADORA, EMPRENDEDORA, GENEROSA, EXTROVERTIDA Y CAPAZ DE MOSTRAR AL MUNDO ENTERO LA EXCELENCIA DE SER PARTE DE ELLA.

Padre Santísimo: estamos aquí, en Tu presencia divina, para manifestarte que, nosotros, Tus hijos y amigos, nos inconformamos y no deseamos ser del común de nuestros hermanos, porque estaríamos contrariando Tu divina voluntad, limitando la acción poderosa del Espíritu Santo y empobreciendo la Iglesia de Tu Hijo Amado. ¡Hoy abandonamos toda inactividad, toda esterilidad, todo temor, toda indiferencia, toda mediocridad, todo desaliento, toda pobreza y toda negligencia! Hoy queremos que sea el Espíritu Santo quien nos guíe, nos impulse a ser testigos de Tu gran amor omnipotente para demostrar al mundo entero, que no has dejado de ser EL ÚNICO DIOS BONDADOSO Y AMANTE DE TODA LA HUMANIDAD.

¡Hoy nos declaramos ser hijos del Padre de los imposibles! ¡Hoy confesamos con todo el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros que en verdad no vamos a posponer para mejor ocasión ese movimiento que propone y provoca en nosotros!

La salvación divina se ve estrangulada cuando, a ejemplo de los seguidores de Cristo, dudamos de la salvación, al exclamar: “—Entonces, ¿quién podrá salvarse?” (San Lucas 18:26). No nos corresponde el juzgar a nuestros hermanos, porque solamente Tú, Padre Bendito, ves y escudriñas el corazón del ser humano. Cuando nos atrevemos a juzgar el proceder de los demás, es cuando frenamos el poder divino del Espíritu Santo. Cuando la Iglesia se pronuncia en juzgar a alguien, se expone a detener el crecimiento espiritual y al empobrecimiento de Tus hijos. Tu Iglesia es como una red que pesca todo género de peces y la separación de los buenos de los malos, solo a Ti te corresponde, Padre Justo. Hoy nos resta solamente vivir con la sentencia de Tu Hijo Amado: “¡Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios!”

¡Muchas gracias, Padre de los imposibles! En este domingo nos preparamos para escuchar atentos Tu Palabra de Vida y para vivir intensamente en Tu reino donde, ¡ya nada nos es imposible!

Padre Santísimo: ¡Bendito seas, desde ahora y para siempre! Amén.

P. Cosme Andrade Sánchez+


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