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“¡Somos reparadores de muros caídos!” “¡Somos reconstructores de casas en ruinas!” (Isaías 58:11)

“¡Somos reparadores de muros caídos!” “¡Somos reconstructores de casas en ruinas!” (Isaías 58:11)

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, Padre Santísimo, ¡toda la creación se regocija en ti, tanto el género humano, como el angelical

ORACIÓN

Somos reparadores de muros caídos. Padre Santísimo: ¡Hoy enviaste a un siervo tuyo que vino a ungirme a indicarme que tú me has revestido de un gran poder!

Eso que exclamamos a una sola voz, lo hacemos porque, realmente, tú, nos has dado esa visión y, qué mejor saludo es manifestarte nuestra gratitud a una voz y engalanando más la sinfonía de toda la creación.

Hoy en esta madrugada, Padre Santísimo, ¡toda la creación se regocija en ti, tanto el género humano, como el angelical; todo lo visible e invisible; nuestra tierra y todo el universo!

¿A caso no lo amerita, el haber sido ungidos por tu siervo y amonestados para ser valientes para la obra que tú nos has encomendado, revistiéndonos de poder?

Claramente nos has permitido soñar este proyecto tuyo y nos has ordenado a implementarlo hasta verlo culminado y nos has indicado ser REPARADORES DE MUROS CAÍDOS Y DE CASAS ARRUINADAS.

Es por ello que nos hemos despertado con un entusiasmo más acentuado que en otras ocasiones y, en este 4º. día de este Año Nuevo, nos sorprendes con esta orden tuya.

“¡Somos reparadores de muros caídos!” “¡Somos reconstructores de casas en ruinas!” (Isaías 58:11)

¡Eso es una clara señal de que estamos haciendo tu divina voluntad y nos darás salud, fortaleza, vigor, energía y valor para salir avante en todo!

¡Cuántos hermanos nuestros tienen proyectos fallidos o en ruinas, pero que, con el auxilio de tu gracia, nos avocaremos a ser los reconstructores enviados por ti!

Padre Santísimo: tu amado hijo, cual divino arquitecto para eso vino, porque nuestras moradas, templos vivientes de la divinidad estaban deterioradas y en ruinas.

Porque la Iglesia Santa de Cristo, reclama ser reconstruida por operarios que tú mismo has convocado. Te confesamos que estamos bien dispuestos a acatar tu divina voluntad e iniciar de inmediato esa obra tuya y ya hoy, muy de mañana, nos has dado el banderazo para iniciarla contando siempre con tu aprobación, tu auxilio y tu bendición.

Es una obra nada fácil, muy riesgosa, muy atrevida, pero tú, que amas a tu Hijo Amado y a Su iglesia, nos has enviado para hacer esta labor con renovada energía.

Estamos bien dispuestos porque este año nuevo es de grandes logros para gloria tuya, para honra del Nombre omnipotente de tu hijo Amado y para que el Espíritu Santo manifieste su increíble y desmedido poder.

Con mucho gusto y redoblado esfuerzo hacemos nuestras las palabras de vida que hoy pronunciamos, porque, “Tú nos dices: «¡Griten fuertemente! ¡Sin miedo! ¡Alcen la voz como una trompeta!

¡Reprendan a mi pueblo por sus culpas! ¡Al pueblo de Jacob por sus pecados!” (Isaías 58:1).

Y todo este divino mandato lo hacemos extensivo a nuestros hermanos, parientes y amigos, porque La hermosura de tu obra creada por tus manos divinas reclama de la Iglesia de tu hijo bendito.

El ser reconstruida con mano firme, aprobada por ti, con la presencia de tu hijo amado y con la luz y la sabiduría del Espíritu Santo bondadoso y vivificador.

Padre Santísimo: estamos más que dispuestos a implementar ese ayuno que a ti te agrada: “Romper cadenas de injusticia, desatar los nudos que subyugan y oprimen; liberar a los oprimidos;

acabar con toda tiranía; dar de comer al hambriento; casa al que no la tiene y no dejar de socorrer a nuestros semejantes. ¡Solamente así brillará nuestra luz como un nuevo y bendito amanecer!

¡Solamente así nuestras heridas sanarán muy pronto! La rectitud estará delante de nosotros; la misma gloria nos acompañará; clamaremos y seremos escuchados; si te pedimos ayuda, de inmediato nos responderás.”

Padre Santísimo: pasamos a retirarnos, pero mucho muy motivados, bendecidos, iluminados, ungidos y fortalecidos.

Nos vamos a vivir este día de muchas horas de duración, pero con una abundante y generosa bendición, porque tú mismo, nos has convertido en una excelsa bendición para todos los que nos acompañan y están empeñados en la misma tarea. ¡Bendito seas, oh Dios de nuestros bendecidos padres! P. Cosme Andrade Sánchez+


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