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“Libertad de expresión bajo fuego”

“Libertad de expresión bajo fuego”

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“Libertad de expresión bajo fuego”
El Juglar de la Red

Con el asesinato de Fredid Román, suman 15 los periodistas asesinados en México este año, son 16 si a la lista se agrega el colega comunicador en Ciudad Juárez o incluso 19 si se contabilizan los otros tres que fueron asesinados en esa ciudad fronteriza de Chihuahua y que también eran trabajadores de la misma empresa radiofónica; la lista ya es muy larga y denota un modus operandi de esos grupos criminales y es que en todos los casos priva el mismo detalle de la impunidad.

Fredid Román fue asesinado el lunes por la tarde, era columnista para diversos medios de comunicación de Guerrero, además era director y editor del semanario “Realidad”. Fue agredido a balazos cuando salía de su casa, en Chilpancingo, para abordar su vehículo, recibió varios balazos en el cuello y otros más en otros lugares de su cuerpo y perdió la vida a minutos de la agresión.

Según reportes de testigos presenciales dos personas llegaron en una motocicleta y luego de disparar contra el periodista se retiraron del lugar a toda velocidad con rumbo desconocido.

No se trataba de un periodista que abordara temas relacionados con grupos criminales, sus temas eran de índole político y en ese sentido se espera que las líneas de investigación consideren los temas que abordó en sus publicaciones más recientes.

Con la lista de los periodistas asesinados este 2022 está claro que la Libertad de Expresión está bajo fuego, que los periodistas somos el blanco y que las autoridades solamente emiten comentarios de pésame, pero no asumen la parte de responsabilidad que les corresponde.

Es innegable que la violencia no se circunscribe a enfrentamientos donde criminales se enfrentan entre ellos; la realidad nos muestra un ataque constante a los periodistas; los motivos son diversos e incluso luego de asesinar a los periodistas continúan atacándolos, como sucedió en el periodista Juan Arjón, asesinado la semana pasada en San Luis Río Colorado, Sonora.

Ya no solamente de acallar al periodista, también interesa desprestigiar su memoria.

Por estado la lista la encabeza Veracruz con tres periodistas, siguen Sonora y Michoacán con dos por cada entidad y con uno aparecen Baja California; Oaxaca, Zacatecas, Sinaloa, Tamaulipas, Guanajuato, Guerrero. Pero la lista de comunicadores asesinados, sin que sean periodistas, la encabeza Chihuahua con los cuatro asesinados en Ciudad Juárez.

El tema no es menor y tampoco son hechos aislados, se trata de un ataque directo a la libertad de expresión, un deseo manifiesto de acallar opiniones divergentes que molestan, es una guerra declarada unilateralmente e injusta ya que la tinta no puede competir contra las balas.

Mientras las autoridades federales y estatales simulan preocupación y organizan mesas de trabajo con periodistas que nadie conoce y no invitan a participar todas las voces del medio porque se trata solamente de simular; las condiciones de trabajo empeoran y la violencia se asienta en la impunidad.

No hay contención, no hay investigación, no se trabaja en los casos, todo se limita a un pésame en redes sociales, pero luego viene el olvido. Los mecanismos de protección fueron rebasados hace mucho tiempo, la capacidad de investigar cada caso es inexistente y más cuando se acumulan con tanta rapidez. La justicia para las víctimas, sus familias y colegas no llega, eso solamente alienta y determina que más agresiones violentas se presenten y más muertos se apilen y engrosen las listas.

El sexenio de Andrés Manuel López Obrador es el más violento contra quienes ejercen el periodismo en México, ha superado a todos los anteriores, pero este 2022 es de los más trágicos y el año apenas va a entrar a su noveno mes.

A pesar de que la lista crece, los periodistas no hemos dejado de salir a la calle a reportear, a buscar la información que reclama la sociedad, con miedo o sin él, no hemos abandonado el oficio elegido.

A pesar del ataque sistemático, la mejor defensa que podemos esgrimir es utilizar la Libertad de Expresión, es no ceder ante esos intentos por imponer el miedo y con ello acallar críticas o voces divergentes.

Ser crítico del poder no es un crimen que se paga con la vida, es un derecho que se usa para señalar errores y tratar de mejorar el estado de cosas de una sociedad demandante y ávida de noticias, de opiniones y de posturas.

Intimidar con miedo o silenciar con balas, solamente lo tolera un estado permisivo, cómplice o indolente.

Con la lista de muertos parece que en México se conjugan esos tres factores y por ello, cuando aquí no se encuentra respaldo se debe recurrir a otras instancias y decirle al mundo lo que sucede, exponer ese acoso y hostigamiento que padece la Libertad de Expresión.

Ya no se trata de casos aislados, se trata de un patrón y los periodistas somos el blanco.

Todo indica que sin acciones gubernamentales, el problema tiende a agravarse y no hay intención de parar la masacre.

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