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Cuál es el problema: ¿el temor o la apatía?

Cuál es el problema: ¿el temor o la apatía?

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Cuál es el problema: ¿el temor o la apatía?
OTRO ENFOQUE POLÍTICO
Por Gínder PERAZA KUMÁN

Hace poco señalamos que prácticamente desde siempre, ciudadanos comunes, funcionarios de diversos niveles, experimentados y principiantes, e inclusive líderes de opinión que son considerados conocedores o expertos, o analistas familiarizados con ciertos temas, suelen abstenerse de opinar si sienten que externar su opinión en cierto modo compromete sus acciones personales con gente cuya confianza les interesa conservar, quizá por mutuas simpatías, “coincidencias ideológicas” (con comillas, pensando realmente en semejanzas personales simples), o de plano en el contundente interés por acumular dinero.

Sin extendernos demasiado para que después no nos exijan una investigación profunda que luego las mismas autoridades obstaculizan, apuntamos que hay dependencias que no cumplen ni sus más sencillos objetivos, con conocimiento de causa de sus propios jefes, e inclusive de miles de ciudadanos comunes y corrientes. Nadie ha escrito y/o revisado a profundidad esos eventuales listas, en las que pueden incluirse por ejemplo la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, prácticamente todos los sindicatos del país (quizá con dos o tres excepciones), y también muchas y variadas dependencias.

Dependencias estatales y federales que funcionan simplemente como agencias de empleo, y entre las cuales se intercambian favores relativos a puestos de trabajo, prestaciones especiales y préstamos o fondos cuyo manejo sólo es accesible a círculos de amigos o colegas que han probado, a través del tiempo y el recorrido de bases laborales, su lealtad perruna, y que la hora que necesite conocer el jefe sea “la que usted diga, patrón”.

Recientemente terminada la llamada Semana Santa, hoy cabe empezar a construir el andamiaje de los comicios que se llevarán a cabo el 4 de junio próximo. ¿Qué calculamos que va a pasar? Ese domingo, unos van a ser sorprendidos como aquellos apóstoles que, cuando llegaron de verdad los ángeles, estaban dormidos y no supieron qué decir. ¿Dónde estaba Jesús?

La lección anterior nos indica que ahora nos toca realizar elecciones cuyo final sea tan feliz como la mejoría personal de cada uno de nosotros.

El objetivo de estos párrafos es plantear, con los mejores visos de sinceridad y con los mayores deseos de contribuir, una liberación integral que ponga disponibles las capacidades, voluntades, recursos y tiempos como los que tienen muchos trabajadores al servicio de los gobiernos, y que con mayores resultados podrían aplicarse para la construcción de mejores condiciones laborales, salariales y de derecho para sectores que han de contestar, y que van apretando sus reclamaciones y exigencias con cada vez más certeza y valor.

Desnudas las lecturas del Antiguo Testamento, recordamos la muy enojosa escena que tuvo que vivir el patriarca Moisés cuando, luego de subir solo a la cima del monte Sinaí, encargándole a su hermano Aarón el control y vigilancia de toda la tribu que vagaba con ellos a través del desierto, que no perdía de vista sobre todo a los indisciplinados e irresponsables. Una desobediencia a Dios en esos momentos quizás hubiera sido eterna para las tribus.

El hecho es que después de varios días de estar en las alturas del monte, Moisés bajó al campamento de los hebreos, y cuán cerca estuvo de sufrir un infarto que hubiera acabado con su vida, pues se encontró de bruces, frente a frente, con quienes se suponía eran sus leales seguidores, pero en ese momento les censuraba que se hubieran construido su “dios propio”, con lo que exponían su descontento, su desesperanza, su falta de fe.

En ese pasaje de la Biblia chocaban de frente las dos principales corrientes de hombres pensantes y no pensantes que tenían que decidir, por encima de todos sus defectos e imperfecciones, cuál sería el destino que merecerían, con La venia de Dios, las tribus de Israel, en el pasado llenas de gloria y en el presente penosas peregrinas que buscaban la tierra prometida por la que manaban ríos de leche y miel, que al final de cuentas jamás se reflejaron en sus pupilas.

¿Cuántas semejanzas ve usted entre el peregrinaje de Israel a lo largo de 40 años, enfrentándose a cada paso a  una trampa grande o pequeña que le tendía uno de los desiertos más agresivos del mundo?

Nosotros, como el enano heredero universal de la fe en el Dios único, vemos cómo, a semejanza de los hebreos, los hombres actuales buscan en todo el mundo, sin brújulas ni mapas, sin guía, ni experto, ni mediador entre ellos y el Todopoderoso, el Destino final de su estirpe? Sería gloriosa y premiada como les había prometido el Supremo Dios Todopoderoso si cumplían los mandamientos que se les imponían y optaban por el camino bueno, el de la solidaridad que conllevaba las tres virtudes que tenían que seguir aplicando en su vida si querían o podían ser dignos de su Creador: 1)  Amarás a Dios sobre todas las cosas; 2) No tomarás el nombre de Dios en vano; y 3) santificarás las fiestas. ¿Recuerda usted cuál es el cuarto mandamiento? Es el que honra a los hombres y las mujeres que, como ellos, verdaderamente vienen en el mismo segundo a trabajar a brazo partido y educar hasta el más mínimo detalle a las almas que encarnaron gracias a la aceptación y bendición de sus padres.

¡Felices Pascuas! nos felicitamos los creyentes. ¡Felices fiestas! intercambian saludos quienes no saben qué se celebra. Si no saben qué se festeja, ¿cuál es el destino de sus brindis?

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